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 29 de diciembre 2011
 

Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con rectitud de corazón te he ofrecido voluntariamente todas estas cosas, y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas.

1 Crónicas 29:17.

Y el Señor le respondió: Voy a darte pruebas de mi bondad, y te daré a conocer mi nombre. Y verás que tengo clemencia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo. 

Éxodo 33:19.

En la parte interna de la concha de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando un grano de arena penetra, las células del Nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y más capas, para proteger el cuerpo indefenso de la Ostra.

Las Perlas son productos del dolor; resultados de la entrada de una sustancia extraña o indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.

Como resultado, una linda perla se va formando. Una Ostra que no fue herida, de algún modo, no produce perlas, pues las perlas son heridas cicatrizadas… Las perlas son heridas y curadas!!

Te has sentido herido por el engaño y rechazo de alguien que tú en verdad amabas…? Te has sentido herido por palabras crueles o duras de alguien?
Tus ideas ya fueron rechazadas o mal interpretadas? Ya sufriste los duros golpes del prejuicio?  Ya recibiste el intercambio de la indiferencia?

“Entonces produce una perla”

Cubre tus heridas con varias capas de amor. Infelizmente, son pocas las personas que se interesan por hacer esto.

La mayoría aprende sólo a cultivar resentimientos, dejando las heridas abiertas, alimentándolas con varios tipos de sentimientos pequeños y pensando solo en lo que sucedió o en la persona que te dejo o lastimó y, por lo tanto, no permitiendo que cicatricen.

Así, en la práctica, lo que vemos son muchas “Ostras Vacías”, no porque no hayan sido heridas, sino porque no saben perdonar, comprender, dejar el pasado atrás y transformar el dolor en amor.

Una sonrisa, una mirada, un gesto, en la mayoría de veces, habla más que mil palabras…

¡YA ES HORA! ¡EMPIEZA A PRODUCIR PERLAS EN TU VIDA!

 

Iglesia Anglicana Juan Bautista

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Juan 13:15-16:  15  porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió.

 

Imaginemos por un momento que Jesús hubiera enseñado principios de la misma manera que nosotros lo hacemos. Primeramente, hubiera anunciado con bastante antelación la fecha de un «seminario sobre servicio», para que los discípulos vayan reservando la fecha e, incluso, invitando a algunos otros interesados. En privado, Cristo dedicaría largas horas a estudiar los textos bíblicos acerca del tema del servicio, armando cuidadosamente sus argumentos a favor de los diferentes aspectos de este tema.

En la fecha establecida, los hubiera reunido y habría compartido los resultados de sus estudios, presentando amplias evidencias acerca de la importancia del servicio. No hubiera terminado su lección sin una seria exhortación a que los discípulos buscaran ahora practicar lo que habían escuchado en «clase». El entendimiento de cada discípulo no se escapó de lo que el Señor había querido enseñar. Usted ya se está dando cuenta de la enorme distancia que separa a nuestros esfuerzos por capacitar a los santos de la manera que Cristo utilizó para enseñar y formar a sus discípulos. Tomemos  nota de su estrategia. No anunció nada. No preparó a los discípulos con un discurso.

 

No les dio ninguna explicación acerca de lo que iba a hacer. En el momento menos esperado, cuando estaban todos relajados y disfrutando de la cena, se levantó y comenzó los preparativos para lavarle los pies.
¿Se imaginan las miradas entre los discípulos? ¿Qué cosa se proponía hacer ahora este Maestro tan poco tradicional? Habiendo terminado los preparativos, comenzó a lavarles los pies. Aún sus labios no ofrecían ninguna explicación. Los discípulos lo observaban, seguramente con una mezcla de vergüenza y curiosidad. Cuando a Pedro, el «vocero» del grupo, le llegó el turno, se atrevió a cuestionar las acciones de Jesús. Precisamente en este momento el Maestro ofrece una explicación, pero es simple y no aclara absolutamente nada.


Cuando volvió a la mesa, Jesús se preparó para darles la conclusión de la lección que había visto. Salvo por el diálogo con Pedro, no había pronunciado palabra alguna. Sin embargo, les acababa de enseñar una de las lecciones más dramáticas que habían aprendido en los tres años compartidos con Cristo.

No hace falta decir mucho más sobre el tema. Cómo líder, sus lecciones más dramáticas y efectivas pueden ser dadas sin el uso de palabras. Nosotros, sin embargo, tenemos una dependencia enfermiza en el uso de palabras como medio de enseñanza. Nuestras reuniones abundan de palabras. Los miembros de nuestras congregaciones están expuestos a una interminable sucesión de clases y predicaciones.
¿Cuánto de todo esto permanece? Me temo que muy poco. Cristo agregó palabras a su ejemplo. El entendimiento de cada discípulo no se escapó de lo que el Señor había querido enseñar. Pero sus palabras fueron la conclusión perfecta a una lección que ya había sido grabada por fuego en sus corazones. Simplemente les ayudó a procesar lo que habían visto.

 

Iglesia Anglicana Juan Bautista

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Lucas 1:5-25 (leer) 

El relato de la historia del nacimiento de Jesús comienza con dos personas completamente desconocidas para nosotros, Zacarías y Elizabet. Ellos, aunque aún no lo saben, han sido escogidos para ser los padres (de Juan el Bautista) del que irá delante del prometido. Su participación en los eventos que acompañan la llegada del Mesías se limita a unos pocos versículos en el Evangelio según San Lucas. Lo que ocurrió con ellos después del nacimiento de Juan está tan escondido de nosotros como los años que transcurrieron antes de su fugaz aparición en las Escrituras. 

Estos dos, sin embargo, son los más fieles representantes de la enorme multitud de personas que conforman «el pueblo de Dios». Son personas cuyos nombres no resultaban conocidos a más que un pequeño puñado de individuos. Los hechos de sus vidas no están registrados en ningún compendio de las grandes figuras de la historia de la humanidad. Desde una perspectiva terrenal se les podría describir como insignificantes, figuras relegadas al olvido.

Si Dios irrumpe en la vida de alguien, será con la persona que está ocupada en ser fiel en el lugar donde ha sido ubicada.

La perspectiva del Reino sobre el asunto, sin embargo, es otra. Mide nuestro paso por la tierra con una vara enteramente diferente a la que usan los hombres. Encuentra, entre aquellos que el mundo descarta, algunos de los más preciosos tesoros espirituales. De Elizabet y Zacarías, por ejemplo, afirma que «ambos eran justos delante de Dios, y se conducían intachablemente en todos los mandamientos y preceptos del Señor» (v. 6). 

La frase, más que un comentario sobre un evento, es el resumen de un estilo de vida de profunda devoción y fidelidad al Señor. Estos dos son poseedores de esa cualidad a la que son tan esquivos los ministros de este tiempo, la integridad. Los años no han logrado mellar su compromiso de vivir en santidad, ocupados en prestar el servicio al que han sido llamados. Mientras se concentran en vivir esa vida de fidelidad, el Señor los ha escogido para algo más grande de lo que ellos jamás pudieron haberse imaginado. Quisiera que tomemos nota, sin embargo, de que ellos no han hecho absolutamente nada para ser elegidos. No se han postulado para un puesto, ni le han sugerido al Señor que ellos están para proyectos «más importantes». 

Su actitud expone un importante principio, que se reitera una y otra vez en la Palabra: Si Dios irrumpe en la vida de alguien, será con la persona que está ocupada en ser fiel en el lugar donde ha sido ubicada. Fuera de una vida de fidelidad a nuestro llamado, no existe en nosotros nada que pueda producir estas visitaciones. Por esto, no es necesario perder tanto tiempo buscando y clamando por esas manifestaciones que tanto obsesionan a la Iglesia en este tiempo. 

Muchas veces anhelamos una experiencia más dramática en nuestra vida espiritual, pero Dios se interesa y ve con sumo agrado la vida del hombre y la mujer que procuran mantener firme su compromiso a lo largo de las semanas, los años, y las décadas.

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Son muchas las cosas que amenazan con matar nuestra visión, entre ellas… la realidad actual, gente que no cree en nosotros y las constantes crisis,  sin embargo la visión que hay en nuestro corazón no muere porque alguien la mate,  sino porque nosotros la abandonamos. Nuestra visión empieza a morir cuando dejamos de creer, es decir si nuestra fe muere nuestra visión también.

Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes. Salmos. 27:13

La vida de nuestra visión no depende de Dios sino de nosotros, ya que en cuanto creamos en ella determina cuan viva esta dentro de nosotros.

Si emprendimos muchas cosas y se quedaron sin terminar es porque solo eran sueños pero no visión, sin embargo, si tenemos una Visión dentro de nosotros déjenme decir que no podemos dejarla morir, no podemos dejar de creer y no podemos permitir que aquello que Dios depositó en nuestro corazón se quede en un simple deseo ya que si así fuera nos defraudaríamos todos, a Dios y a la gente que si cree en nosotros.

A Dios le corresponde mostrar su bondad a favor nuestro pero a nosotros nos toca CREER y accionar para que nuestra visión no muera. Dios hace su parte,  pero a nosotros nos corresponde hacer la nuestra. ¿Hemos dejado que nuestra visión poco a poco muera? ¿Hemos permitido que la realidad, gente y las constantes crisis sean más fuertes que nuestra visión? Yo sé que no, no tenemos porque desmayar.

Hoy debemos fortalecer nuestra fe en Dios para entonces fortalecer nuestra visión, con el propósito de que nada de lo que hay fuera de nosotros mate lo que hay dentro de nosotros. Si a nuestro alrededor vemos a alguien que se está muriendo de seguro que no nos vamos a quedar con los brazos cruzados, y si vemos que la visión que teníamos con nuestros matrimonios, ministerios, nuestras familias, nuestros jóvenes y niños esta moribunda debemos hacer algo para revivirla a la brevedad? 

Ahora después de nuestros EMEs, nuestros CON TODO de los jóvenes, nuestro primer EMA… nuestro primer Cursillo que se avecina a principios del 2012, también nuestro proyectado ENE (Encuentro de Niños en el Espíritu), porque no.. comedores abiertos y ayuda a la comunidad…  yo creo en la bondad de Dios para muchas cosas más en nuestra iglesia.  Persisto en que “nada es imposible para Dios”  por lo que nuestra visión puede ser tan amplia como nuestra imaginación.

Iglesia Anglicana Juan Bautista

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DEVOCIONALES PASADOS


Después de un hermoso fin de semana de Encuentro Matrimonial donde el Señor se paseo entre nosotros, donde muchas lágrimas corrieron, donde hubo tanta sanidad, alegría, encuentros personales con Dios, gente trabajando por amor, podemos aprender con lo que a continuación El nos aconseja con algo tan sencillo…  

Un esposo fue a visitar a un Sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse.  El Sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: Ámela.

Luego se calló. -Pero es que ya no siento nada por ella dijo él.

-Ámela, repuso el Sabio. Y ante el desconcierto de este esposo, después de un oportuno silencio, el sabio agregó lo siguiente: “Amar es una decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor.

 

El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide.    Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ama a tu pareja, es decir, acéptala, valórala, respétala, dale afecto y ternura, admírala y compréndela.

Eso es todo… tan sencillo como “amarla”. 

Maridos amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entrego a sí mismo por ella… Efesios 5:25

 

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